El sol de la moral brilla demasiado en tu cielo.
En una tierra donde nadie se arriesga, y todos
pesan en la pereza artística.
Donde desprecian al “distinto” y lo hunden
en el pantano de la ignominia.
Donde el artista es lo más parecido al peludo
al que tanto adoran y sin embargo lo siguen crucificando.
El sol de la moral brilla demasiado en tu cielo.
Y sus rayos te impiden ver el húmedo verde
que florece en la tierra de la inspiración.
Donde todos son malas copias y se apropian,
de las semillas originales de tu alma,
para plantar y cosechar la suya sin piedad.
Donde la rectitud aleja, según ellos, los demonios
de la vida. De una vida que creó su Dios perfecto.
Donde todo el mundo tiene miedo de avanzar,
y fabrican las piedras de la intolerancia,
para que te quedes en el camino con ellos.
Donde el niño logra ver tus beldades y sigue
la estela de tu verdad con las suaves pisadas de su sonrisa.
Porque el que impidió que la armonía floreciera,
riega a escondidas su libertad con su llanto desesperado.
El sol de la moral brilla demasiado en tu cielo.
En una sociedad cortada a medida de la hipocresía.
Poluta como el nauseabundo aliento del poder.
Porque preferimos tener como Dios el símbolo
que todo lo compra e ignoramos el aleteo invisible
del espíritu. El universo de un suspiro interior.
El pasado que no conocimos, el presente que jamás vivimos,
Y el futuro que nunca veremos.
¿Prefieres malgastar la invitación de tus padres al festín de la existencia?
Puedo vivir sin la droga de la riqueza,
sin que el vicio meza mi alma para satisfacer,
las ansias de un tiempo, que guarda trofeos en la vitrina de la vanidad.
¿Renunciarías tú?
¿Al dedo que tanto señala, y encadena tus sentidos?
Podría quitarme la venda y cantar con la potencia de un verso,
A todo lo que me proporciona placer.
Pero tras el lecho de mágicos colores se oculta una ciénaga
de monocromáticos nocturnos.
Y la noche siempre fue un ángel para el poeta.
No podría vivir bajo un castigador astro que
brilla demasiado y se aviva con el fuelle de la vieja y tirana rectitud.
Porque matarán aquello que tanto amo.
La brisa de la libertad...La misma que envolvió mi primer aliento,
y me enseñó el camino de la consciencia.
La que bebió de los fluidos para cruzar el espacio ignoto,
Y reclamar la carne que daría forma a mi cuerpo.
Sustancia que nutre la vista y el tacto,
curiosamente los sentidos que despertaron la fe.
lunes 9 de agosto de 2010
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3 Miradas:
Hola Juan! QUé bueno encontrar un nuevo posteo tuyo! Siempre me gustas como escribes...
"El sol de la moral brilla demasiado en tu cielo".
Una perfecta síntesis...
Besos desde una fría Buenos Aires!
PD: Cómo está tu niño?
Juan: no permitas que ningún sol pretenda opacar tu luz interior y que ninguna muralla frene la senda del viento que fuiste y siempre serás. No abandones nunca la poesía que puja por salir. No dejes que apaguen el sentimiento incomparable e invaluable que la sonrisa de tu niño despierta en ti. No permitas que nadie te impida ser tu mismo. No permitas que nadie te obligue a cerrar las puertas de la percepción que te abren el universo. Todo lo demás es circunstancia que puedes vencer. Cuenta con aquellos que te quieren de veras. Cuenta conmigo.
Cualquiera sea la tormenta, las nubes la arrastrarán lejos. Saludos cariñosos.
Wow, llevaba mucho sin pasar por tu rincón, pero compruebl con gusto que las musas no te abandonan, han hecho nido en tu pelo...
Un beso
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