Frente a la mar, la que siempre está ahí para cultivarnos una idea de finitud, y después de
un relajante baño, saqué mi cuaderno para componer un poema.
El primer verso, que enseguida se adelanta a la inspiración, ya quería nacer en primera
persona, cosa que no me hacía gracia pues estas líneas os las quiero dedicar a vosotros,
los que me leéis. Y no lo haré con poesía, comprendo que es muy subjetiva y da pie
a múltiples interpretaciones, sino con el lenguaje más diáfano y cotidiano posible.
Después de haber descubierto un mundo que para mí tiene 35 años, de probar los
extremos de la vida- gozos y aflicciones-, de deambular por la espiral de la depresión
y saborear la sanación afirmando, sin dudas, mi lugar en este globo azul…
De saber discernir entre lo material y lo inmaterial confirmando lo que realmente es válido;
de acostumbrar a mi alma a que soporte las sacudidas de la existencia y a mi cuerpo los
azotes de la enfermedad…
He comprobado, sin mucho esfuerzo, que la paz individual adquirida con los años, es
el pasaporte hacia la felicidad. Muchos se preguntan si creen o no en el destino: Tengo claro
que es uno mismo quién lo elige. Que te equivoques forma parte del juego y existen avisos
de cambio que ejercen su labor en lo invisible, pero todos estamos conectados, nadie que
esté vivo escapa de esta bola suspendida en el cosmos.
Lo segundo que aprendí fue a dar gracias, ahora las doy a los que me leen y lo hago con
una cerveza en la mano, un sol dadivoso y ya macilento, escondido tras la franja azul.
Queda poco para el estío pero ¿Necesitamos que el verano nos recuerde que ya lo es
en lo más hondo de nuestro ser, sea la estación que sea?
Veo a muchas almas buscarse en el descanso dominical. El pescador que regresa, la
chica que doró sus blancos pechos, el anciano que ensimismado refresca sus horas bajo la
sombra de un árbol…Veo al que lleva horas bebiendo y dialoga en voz alta para que sea
escuchado. A los niños oigo dándose los últimos chapuzones del día, con sus inocentes
pero estridentes gritos. Y veo la mar y luego el cielo, y escucho su canción crepuscular.
Le doy otro trago a la cerveza y me acuerdo de los que se fueron, de los que están y de
los que aún no conozco pero sé que existen.
Y siento una dicha casi ridícula, pero real y sincera, que me embriaga y estremece.
Al mismo tiempo que siento lo privilegiado que soy por vivir donde vivo y de tener la
sangre que tengo. Que el alma se me hiciera poeta, no lo pedí, y como la vida
es un gran poema, pues cada año que pasa es un verso más…Puede que siempre
te salga un poema de amor, o de infelicidad; seamos un epítome existencial condensado
en la belleza de un verso o una catarsis constante en busca de la verdadera luz.
Lo cierto es que ante lo desconocido somos bisoños alumnos y todos iguales, y la
realidad ahora se escribe en presente subjetivo. Y lo conjugas hasta que exprimas
sus posibilidades: Amistad, Amor, Familia…
Y erramos, hacemos daño, jugamos al amor, tiramos los dados a ver qué pasa.
Aprendemos, rectificamos, nos corregimos y nos corrigen, pero siempre estamos
en nosotros, como la unidad que ansía la alianza perpetua.
Otros, la mayoría, sienten que su vida es una canción que repite su estribillo hasta
que descubre que en su vieja gramola hay canciones olvidadas y otras sin escuchar.
Dándole este repaso y valorando lo más importante, sin duda es el amor, germen
de la armonía e indiscutiblemente simbólico, lo que más merece la pena sobreexplotar.
Hasta que ya no te queden fuerzas, hasta que te fundas en la persona amada…Amar
como un loco, pues los cuerdos pierden el tiempo razonando y dicen que los infelices
e insatisfechos lo son porque renunciaron a la locura.
Me tomo otra cerveza y lentamente dejo que la noche me envuelva, con el frescor
de la playa y al ritmo del vaivén de las barcas. Dejo de luchar conmigo mismo y permito
que todo fluya. Paso de todo menos de la batalla púrpura que hizo capitular al astro rey.
Dejando un rastro de sangre en el firmamento es la luna quién se corona reina y con ella
da comienzo el gobierno femenino, tan proclive a pasionales escaramuzas, a olores intensos
al rumor de la cueva de Hécate y propensa a desbordamientos. Noche preñada de líquidos y
helados de crema, a vino tinto y marisco, a música de los 50’s y miradas prolongadas.
A tórridas imaginaciones y socarronas ficciones… resumiendo, a la vida misma.
Gracias por leerme. Para cuando no tengáis ganas (como yo últimamente pero sujeto a cambio inminente) de leerme, podéis visitarme en
La mirada fotográfica, un apéndice de este blog donde lo que expreso lo hago a través del visor de mi cámara fotográfica.
Juan G.Cairós, 31 de mayo de 2009